9.27.2007

Dum inter homines sumus, colamus humanitatem

SENECA, De ira 3, 43, 5:

Iam istum spiritum expuemus. Interim, dum trahimus, dum inter homines sumus, colamus humanitatem; non timori cuiquam, non periculo simus; detrimenta, iniurias, conuicia, uellicationes contemnamus et magno animo breuia feramus incommoda: dum respicimus, quod aiunt, uersamusque nos, iam mortalitas aderit.'

Martha C. Nussbaum, El cultivo de la humanidad: una defensa clásica de la reforma en la educación liberal [traducción de Juana Pailaya] 1ª ed. Barcelona : Andrés Bello, 2001.



Lustrauimus artes manuarias, Rurales, et Mechanicas; nunc ad Liberales (sic dictas, quod curam animi, non quaestum spectent) promoueamus gradum, illas scilicet, quibus animus ad humanitatem et ingenuam doctrinam informatur, et excolitur, sine qua incultus est et agrestis; hebescit et efferatur. [...] Liberalium artium communiter septem numerantur:
Lingua, Tropus, Ratio, Numerus, Tenor, (seu Tonus) Angulus, Astra.
Nimirum Grammatica, (quae olim etiam Poeticam complexa est) Rhetorica, Dialectica, Arithmetica, Musica, Geometria, Astronomia.

Quidam diuidunt disciplinas in Humaniores (mitiores, mansuetiores Musas) et Seueriores; in illis censent Grammaticam, Poeticam, Oratoriam, Historiam, siue Antiquitatis notitiam, Dialecticam, et morum Philosophiam; reliquas Facultates Superiores, magis speculationi intentas, appellant Seueras, Altiores, etc. Eruditum uocant, qui, tametsi has scientias (Graecis enkýklia mathéemata) non accurate et exquisite perdidicit, ut iis instructus et praeditus dici queat; ita tamen eas delibauit et degustauit, iisdem ut tinctus et imbutus uideri possit, (Muretus in epist. 89.) doctus nominatur, qui rationem rei tantum tenet; peritus, qui cum ratione experientiam et consuetudinem.

Doctrina (paidía, institutio) traditur a doctore seu magistro; disciplina (mátheema) accipitur a discipulo; a qua excluduntur hebetes, indociles, et intelligentia parum ualentes. Sunt autem huius culturae instrumenta libri, scholae, conuersatio erudita, (familiaritas, consuetudo) peregrinationesque illius causa susceptae.

[Perge legere hic]

Quis nescit Academiam a quodam Academo dictam, qui possidebat locum suburbanum et nemorosum prope Athenas, ubi Plato natus et philosophatus fuit? Artes excogitauit necessitas: honos alit et quaeuis terra. Mater earum Mnemosyne seu memoria. Quod qua ratione in studiis fiat Liberalibus, indagemus.

9.22.2007

De commodis atque incommodis Latine scribendi


Dominus Ioannes Aegidius, Hispalensis Studiorum Vniuersitatis cathedrarius professor, "Escribir en latín. Ventajas e inconvenientes" loquetur in Conuento Internationali "Tradición Clásica y Universidad. Siglos XV-XVIII"
(die XXVII mensis Octobris, anno Domini MMVII).


Verba a me selecta ex hac Ioannis Aegidii oratione:

"Nadie ha negado jamás la oportunidad de escribir en latín, ni siquiera los que se han valido de su lengua vernácula para expresar sus sentimientos o dar a conocer su obra científica o literaria (pag. 1)".

"La literatura latina ha seguido su curso ininterrumpidamente desde Roma hasta hoy. Las causas de este fenómeno extraño son múltiples, pero en su mayoría explicables por las grandes ventajas que tuvo –y aun tiene- escribir en latín. La fundamental es la difusión de lo escrito en esa lengua, monopolizadora de la cultura hasta el siglo XII, ya que las lenguas nacionales no comenzaron a ser utilizadas sino muy tardíamente. El Renacimiento italiano volvió a poner de moda a los autores clásicos, de modo que en el siglo XV el latín penetró hasta los últimos rincones de Europa y se supuso, ingenuamente, que también del mundo. En latín se cartearon los sabios, en latín se redactaron los despachos diplomáticos que se cruzaban entre reinos y repúblicas, en latín mandaron poner los Reyes Católicos las credenciales que había de presentar Cristóbal Colón ante el Gran Kan. Todo el mundo en Europa quiso saber latín, pues en latín estaban escritos los libros en que se enseñaban las principales disciplinas. Escribir en latín, en consecuencia, se convirtió en eficacísima arma de propaganda, y más en una época, como los siglos XVI y XVII, en que la lucha política se disfrazó de debate religioso. Y así ocurrió todavía en el siglo XVIII: en latín publicaron una parte no pequeña de sus obras los jesuitas expulsos para defender el honor y la gloria de su extinta Compañía; desde luego, un claro objetivo reivindicativo y propagandístico persiguió el veracruzano J. L. Maneiro al componer su melancólica hagiografía de los ignacianos de México. Otro fenómeno sintomático atestigua su omnipresencia: el latín fue la única de todas las lenguas europeas que se vio sometida a una caricatura burlesca pero culta, los Macarronea de Folengo, pronto imitados por doquier (pag. 6)"

"En latín, apropiadísimo para la sátira y la invectiva, parece que suenan mejor y levantan menos ampollas las mayores y más raheces chocarrerías (p 10)".

"Escribir en latín es también una peculiar manera de rendir tributo a nuestros autores preferidos, ya que el estilo que se adopte es un reflejo fiel de los gustos particulares de cada cual. Hay quien vierte sus pinitos literarios en los solemnes cauces de los cánones ciceronianos (la inmensa mayoría de los humanistas de Italia); otros prefieren salpimentar su prosa picando con gracia de aquí y de allá (Poliziano); otros se forjan su propio estilo hasta hacerlo hermético y oracular (los alemanes y muy en particular Lachmann). El latín de cada humanista es una puerta abierta a su alma o, cuando menos, a su educación. Es éste un campo de investigación poco trillado, pues por regla general se estudian los grandes movimientos estilísticos en su conjunto (el ciceronianismo, el tacitismo, etc.), sin adentrarse en las preferencias personales de cada autor. La composición latina es, en definitiva, un ejercicio gratificante, ya se tome como divertimento o como obligación. Evidentemente, no siempre sale el período tan redondo como uno quisiera; a veces, cuando la inspiración se atasca, no vienen a la mente las palabras apropiadas o la construcción se enmaraña de modo innecesario. Pero incluso en estos momentos de bloqueo mental la escritura en latín ayuda a comprender mejor la lengua en cuestión y a penetrar en sus más recónditos matices e idiotismos (p.11)".

"Hasta aquí hemos hablado de ventajas. Nos toca examinar ahora un grave inconveniente. La verdad, confesémoslo de manera paladina, es que utilizar el latín impone ciertas trabas y, muy en primer lugar, las que se derivan de expresarse en una lengua ya muerta. Si ya Lucrecio se había quejado de la patrii sermonis egestas, excusado es decir los apuros que sufre quien escribe desde una perspectiva vital totalmente diferente a la del autor clásico. Ahora bien, la falta de vocablos es fácilmente subsanable a fuerza de aceptar neologismos: los humanistas dieron una sabia y perfecta lección de cómo adaptar la lengua a las nuevas circunstancias (p. 11)".

"El vocabulario, pues, no supone un verdadero obstáculo. Lo más difícil, a mi juicio, es superar las barreras mentales. En efecto, los modelos clásicos acuden involuntariamente a la mente de quien está escribiendo, y esta reminiscencia, como si fuera una especie de anámnesis platónica, lleva a repetir construcciones que son tópicos manidos y, lo que es todavía más grave, hace que, de manera imperceptible, la materia a tratar se deslice por unos cauces prefijados: la lengua impone su propia estructura mental y parece como si quisiera señorear la voluntad del escritor, desviando a veces su exposición de lo que de verdad pretendía decir (p. 12)".

"El latín, que tantas reglas da, nos libera en cambio de las ataduras que imponen las circunstancias del momento. Es ésta una cuestión que merece ser tratada con toda la atención que merece. En efecto, el uso de la lengua latina dio a los europeos la oportunidad de permitirse algunos desahogos intelectuales que probablemente no hubieran llegado a plasmar por escrito de haber utilizado su lengua materna (p. 14)".

"La enseñanza del latín no tuvo el efecto liberador al que antes aludíamos, a pesar de que abriese al indio nuevos mundos y le enseñase nuevas disciplinas. Por el contrario, en manos de los beneméritos frailes, y sin duda con su bendición, la lengua del Lacio se convirtió en un instrumento político, en un arma intelectual que, a la chita callando, justificó la opresión de los indígenas al reducirlos a la triste condición de siervos por naturaleza. Es una conclusión triste, pero más vale no falsear la realidad(p. 34)".

9.02.2007

Corpus humanum, salillum animae fictile

"Verum nos, homunculi, salillum animae" [Erasmi Adagium 5,1,8 = PLAVT. Trin. 492]


Corporis nostri compagem, rationalis Quintil. animae habitaculum organicum, tanquam illustre sapientissimi specimen architecti, nemo satis mirari queat, si articulatim spectetur.

Capilli (crines, capillitium) contegunt potissimam partem capitis, suntque cirri, cincinni, comae, caesaries. Antiae uel capronae demittuntur in frontem [...]. Capillamentum sutile est coma adoptiua seu adscita, galericulum.

Anteriorem partem decorat facies, quae naturalis est a matre; at uultus ab affectu ducitur et dicitur; ex illa dignoscimus personas; ex hoc motus animi. Vnde uultus suspensus, incertus, obscurus, ambiguus, grauis, minax; [...].

In facie frons eminet, figura prope semicirculari, desinens utrinque in tempora, plerisque glabra, paucis hispida, senescentibus rugosa, explicata, porrecta, serena[...]

Oculi (lumina) subiacent fronti, fenestrae animi, mentis interpretes, figurarum judices, mobiles, lubrici [...] Prominuli cernunt obscurius, profundiores clarius. Sed hirqui seu anguli sudant saepe lacrimas, quotidie gramias.

Pupilla seu pupula (circumfusa albo seu albugine aut albumine) est speculum, in quo imagunculae rerum obiectarum resplendent in forma pupularum. Iris est circulus ambiens pupillam; orbis seu sinus aut peluis, est oculi cauum. Pupillum humectant palpebrae nictando; cilia uero (e crepidine palpebrarum enata) una cum superciliis prohibent, nequid incidat.

Auriculae sunt adaptatae auribus; patulae ad repercutiendos sonos, et cauatae atque anfractibus flexuosae. Infima pars, ansa auriculae; summa dicitur pinnula; capreolus exterior ambitus; corneolus est introitus, ut, si qua minima bestiola conaretur irrumpere, in sordibus illarum, tanquam in uisco, inhaeresceret, sonusque multis flexibus relatus amplificaretur [...]. Stapes quid sint, et incus et malleus, uide infra de auditu, cap. 27.

Nasus incipit ad intercilium (medium inter supercilia spatium,) datus respirationis et olfactus causa. Demittit se inter duas genas, discriminaturque in duo spiracula seu respiramina, id est, nares, ideo contractiores, ne quid nocens possit peruadere[...].

Infra hunc sunt rubicunda labra (inferiora, proprie dicuntur labia) os apertile; tum mentum et malae, ephebis lanugine, uiris barba intectae. Bucca mala inferior est, depressiorque [...]. Labrum, quod ori superne imminet, tegitur mystace bipartito: utrumque saepe barbitio aut arunco, qui est barba promissa ac prolixa, ad pubem aliquando porrecta. [...]

Iugulum pars est colli anterior (quae nonnunquam gula dicitur,) in qua guttur (animae canalis seu canna pulmonis uel aspera arteria.) Ceruix, pars colli posterior est [...]

Pectus turget papillis, quod hirtum maribus calidioribus; in foeminis sunt mammae, mammillae, ubera. Pars pectoris anterior, qua concurrunt costae, dicitur sternon pertingitque ad os ensiforme. Infra thoracem est uenter seu aluus; cuius anterior pars continet hypochondria, et scrobulam cordis; media umbilicum; infima abdomen (sumen, aqualiculum) cum adiacentibus uerendis (genitalibus, pudendis, uelandis) quae ut nudare, ita nominare pudor uetat.

Tergum habet humeros, dorsum, lumbos et nates (podicem, anum) obuolutas clunibus, sessionis gratia. Ad latera sunt axillae et hypochondria [...].

Ab humeris pendent torosa brachia; hinc flexiles cubiti, quibus inniti solemus; et lacerti, qui summa pars brachii; sicat infima, manus, [...].

Manus caua dicitur uola (in qua sunt uariae incisurae ac lineae;) diducta, est palma: contracta, pugnus; ab hoc colaphus: ab illa prouenit alapa. Habetque digitos quinos, et quisque digitus, praeter pollicem, articulos tres seu internodia, totidemque condylos seu nodos, quorum postremi exeunt in ungues: horum albida puncta dicuntur nubecula, quibus scabimus, scalpimus, lancinamus, laceramus. Pollice premimus; Indice monstramus; Medio (uerpo, infami) ludificamus; Annulari seu Medico gestamus anulos; Auricularis seruit pro auriscalpio. Pars prima manus dicitur carpus [correxi: carputs] seu brachiale, unde exoriuntur digiti; metacarpium seu torus appellatur, quod inter pollicem et medium digitum interest [...].

Infra coxas sunt femora seu femina; sub genibus crura: sub poplite surae; a suffragine seu flexura est imus pes, continens talos et calcaneum seu calcem, plantamque conuexam, eiusque partem anteriorem, nempe tarsum [...].

Cf. Michael Pexenfelder, Apparatus eruditionis tam rerum quam uerborum per omnes artes et scientias. - Nürnberg: Michael & Joh. Friedrich Endter, 1670, pp. 103-107.